Estética y espectáculo

Son muchos los artistas que desde hace un tiempo son más conocidos por su forma de vestir y de vivir que por su vocación artística.

Después de casos como Justin Bieber, quien dedica más tiempo a perfeccionar su estética y cara angelical que sus canciones, por ejemplo, da que pensar si el mercado musical actual ha dejado de ser como hace unos años y ha pasado a ser un mercado donde la apariencia es más importante que la música que el autor hace.

Ejemplos como el de Lady Gaga demuestran que hay casos en los que la estética ayuda al mundo del espectáculo (gran parte de la fama de esta cantante se debe a los extravagantes trajes que lleva y los impensables maquillajes y peinados). Muchos de los asistentes a sus conciertos acuden para ver que nueva idea se le habrá ocurrido a la cantante para utilizar como “traje” (ya va bien si es un vestido de carne de vaca o si está elaborado con decenas de peluches).

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Muchos de estos artistas ven como su potencial crece a medida que sus escandalosos looks son aprobados y seguidos por sus fans, que como si de ello dependiera su vida, intentan copiar y hacer suya la moda que imponen sus ídolos.

Es cierto que a la hora de acudir a un espectáculo, la vestimenta y la parafernalia que se crea alrededor de éste hacen que lo podamos disfrutar más. Sin embargo, un artista musical debe vender discos, ya que a través de los auriculares de nuestro IPAD no se escucha si va vestido con un traje de pelo humano, por ejemplo, solo oímos su música y a partir de ahí debemos decidir si nos gusta o no.

La estética es, sin duda, uno de los grandes cambios en el panorama musical, provocando que artistas de prestigio tengan que competir con telas y zapatos en vez de con voces. Y es que en según que momentos, el caso es dar el cante, y no cantar.

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