Aromaterapia y aceites esenciales

El olfato es quizás el más menospreciado de nuestros sentidos y sin embargo tiene una conexión instantánea con zonas superficiales y recónditas de nuestro cerebro: un mal olor puede hacernos sentir enfermos y un aroma agradable nos produce, también automáticamente, una sensación de bienestar. La influencia de lo que percibe nuestra nariz va mucho más allá: determinados olores quedan fijados en nuestra mente para siempre y estimulan nuestros recuerdos, buenos o malos, evocando lugares, personas o situaciones.

Aromaterapia

La utilización de los aromas como estímulos a nuestro cerebro se llama aromaterapia y, aunque el término es moderno, los aromas de flores, plantas ya eran utilizados por egipcios, griegos, romanos y otras culturas exóticas del lejano oriente, como India o China.

Hay muchos elementos utilizados para la administración de tratamientos aromáticos, aunque los más conocidos son los aceites esenciales: aceites vegetales concentrados, no aptos para la ingesta, que se utilizan comúnmente sobre la piel, como complementos a masajes, baños, lociones, etc…, aunque también como estímulo olfativo calentándolos para intensificar el olor en estancias, contribuyendo a crear un ambiente favorecedor para la relajación o la tonificación.

Los aceites esenciales toman las propiedades terapéuticas de las plantas que les sirven de base y cuyas propiedades son estudiadas por herbolarios, químicos y sanadores desde hace siglos. Algunas de estas plantas son utilizadas habitualmente en medicamentos, condimentos de cocina e infusiones, pero en forma de aceites esenciales, sus propiedades cobran mayor fuerza y su efecto se intensifica debido a la concentración.

Plantas como la albahaca, bergamota o canela, que suelen encontrarse en cualquier cocina, son poderosos remedios contra dolores de cabeza, ansiedad o decaimiento, por ejemplo. La madera y resina de algunos árboles, como el cedro o el eucalipto son utilizadas en numerosos medicamentos, el cedro por su efecto sedante y el eucalipto por ser un efectivo descongestionante y antiinflamatorio en procesos relacionados con el aparato respiratorio. Las frutas, sobre todo los cítricos son también muy utilizados por ser útiles para restaurar el equilibrio energético: naranja, mandarina y limón están presentes en muchos de los productos que utilizamos diariamente.

 

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